martes, 22 de noviembre de 2011

Sus manos



Sus manos se dejaron extender
en saludo de un segundo
interminable en mi reloj detenido. 

Nada, nada podía ser tan inmaterial
como el plumón aceituna 
de su piel imperceptible.

Le salían los dedos desde su palma
como brotes improvisados
en un lirio rosado en primavera.

Percibían mis manos
el imaginario ruido
del flujo púrpura de sus
corrientes vitales.

Eran las manos soñadas
de las infanta inspiradas
en los reinos del
agua de ninfas y nereidas. 

Eran las manos sagradas
de los angeles adolescentes
en los retablos anticipados
de Miguel Angel.

©Julio Jarmas

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