martes, 22 de noviembre de 2011

Culpas irredentas



No pediría tu perdón, no valen las redenciones sobre el daño sangrante revuelto en el dolor

La confianza destrozada, la cobija rota, las penas cristalizadas por lágrimas secas antes de brotar

La vergüenza inflada,  la vida rebajada a  promesas cansadas, doblegadas por el peso de lo gordo

La mirada humillada hasta el piso de lodos bajo el calzado del cazador indiscriminado, sin olfato

Avivados los arcos y las flechas contra la inocencia de tus miradas, tu pureza, tu perfecto respiro
.
Ofensa entregada en bultos sin destinos postales, subrepticios, tras la malandra del irrespeto y el desamor

Hacia mi hija que es el alma inmerecida de mis sentidos, de mis días, de mis cantos apagados en lágrimas

De mis días, de mis espacios, de mis direcciones, de mis encantos encurtidos bajo el seco salobre

No habrá  vueltas, la  muerte  no  borra la historia, no  la endereza, sólo la escribe con lápiz de plomo

No merecen  valor mis pruebas, ni  mi calor  pasmado, de hojas secas, mis confesiones ni mis ruegos
.
Ni siquiera una huida hacia los fondos abisales o un sacrificio de fuego contra la vida, tal vez lo justo.

©Julio Jarmas

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