No pediría tu
perdón, no valen las redenciones sobre el daño sangrante revuelto en el dolor
La confianza
destrozada, la cobija rota, las penas cristalizadas por lágrimas secas antes de
brotar
La vergüenza
inflada, la vida rebajada a promesas cansadas, doblegadas por el peso de
lo gordo
La mirada
humillada hasta el piso de lodos bajo el calzado del cazador indiscriminado,
sin olfato
Avivados los
arcos y las flechas contra la inocencia de tus miradas, tu pureza, tu perfecto
respiro
.
Ofensa
entregada en bultos sin destinos postales, subrepticios, tras la malandra del
irrespeto y el desamor
Hacia mi hija
que es el alma inmerecida de mis sentidos, de mis días, de mis cantos apagados
en lágrimas
De mis días, de
mis espacios, de mis direcciones, de mis encantos encurtidos bajo el seco
salobre
No habrá vueltas, la
muerte no borra la historia, no la endereza, sólo la escribe con lápiz de
plomo
No merecen valor mis pruebas, ni mi calor
pasmado, de hojas secas, mis confesiones ni mis ruegos
.
Ni siquiera una
huida hacia los fondos abisales o un sacrificio de fuego contra la vida, tal
vez lo justo.
©Julio Jarmas

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