Sus cabellos
iban terminados
en olas negras que rompían
en arcos contra sus hombros
Corridos
suavemente
desde su frente apenas
liberada por
algunos
espaciados entre sus hilos.
Tupidos
como mar de noche
en calma, su brillos
reflejaban
escondidos
los rayos del cielo.
Sus ondulaciones danzaban
en vaivén de
elásticos desplazamientos
como hilos con
memoria.
Cuando siempre
al tiempo
de sus palabras breves sobre
su cuello largo giraba su cabeza
en
temblores de cortos asombros.
Eran como la
mantilla
del honor de señorita
que florecía entre los
jardines de sus
días.
©Julio Jarmas
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