Su voz era una
caricia
de eufonía musical
no igualado jamás ante mis
oídos
sintonizados
en su solas ondulaciones.
Vibraban sus
notas
en tonos de violín afinado para
sinfonías de
coros infantiles.
Cada palabra
era un himno
cantado tras unos labios
escoltados por jazmines
abiertos al rocío.
Quebraba unas
sílabas tras otras
con su ternura adolescente
de trece
primaveras.
Niña temprana
de palabras infantiles
pronunciadas siguiendo la
escuela
maternal para ser princesa.
Solamente Dios
puede saber
cómo es de imposible
que nunca olvide su candor.
©Julio Jarmas

No hay comentarios:
Publicar un comentario