martes, 22 de noviembre de 2011

La razón de los pájaros



Me fui a caminar entre los montes
cercanos a mi pueblo,
donde retozan los pájaros 
como dueños absolutos de la palabra
libertad.

Mi pueblo era una villa de
 pretensiones urbanas oficiales, con dos
 calles paralelas principales, con cuatro
 salidas al campo.

Suelen llover aguaceros que duran
horas, todo es verde en sus alrededores
limitados por un cerro alargado y un arroyuelo.

Los pájaros vienen y van cruzando el cielo;
abundan las ciguas palmeras por centenares,
juguetonas se burlan de las brisas.

Siempre al anochecer se escuchan los roncos 
despertares de las elusivas lechuzas y el canto 
interminable de los taitajíes.

En abundantes variedades desbordan
con sus presencias las surrealistas bellezas 
de los aires y hasta picotean en los caminos.

Los muchachos de mi pueblo conocimos
sus horarios, sus costumbres,
sus carnes , sus alimentos, sus fuerzas y los cazábamos.

La palabra libertad se confundía con la vida
que hacían los pájaros y la de nuestros afanes 
por traerlos convertidos en trofeos.

Los tirapiedras fueron las armas obligadas,
colgadas del cuello como adornos, 
era un rito obligado al ir hacia los montes.

Algunos muchachos nos esmerábamos tanto en
pulir su ye de palo y en bien atar las tiras de gomas 
hasta dejarlas como obras de arte.

El tiempo de todos mis días bordeaba
el final de mi adultez adolescente, 
surgían los aires académicos de mis conocimientos.

Entonces había ascendido a un regalo de
infinito valor para mí, aun lo retengo entre mis cosas, 
un rifle de aire comprimido y perdigones.

Fue un privilegio resultante del
orgullo que sentía mi madre 
porque ya me había iniciado 
en la universidad para ser ingeniero.

Los descansados momentos para el ocio
llegaban como impuestos espirituales 
y del sistema mal ocupado de nuestra juventud.

Verdades y utopías se debatían entre mis horas 
de aulas, de libros, de nuevos y esenciales 
motivos académicos y sueños.

Las razones aprendidos en nuestros
estudios secundarios, nos hablaban 
de San Agustín y la inminente Creación Divina.

En la Universidad, los primeros mensajes 
nos hablaban de otras muchas verdades 
contrapuestas a veces, vaporosas otras.

El final de lo infinito contrariaba
con el principio inasible del primer 
instante de la nada convertida en todo 
y más y más.

Esas cosas no las habíamos escuchado
antes, comprendíamos el idioma 
de los pájaros, pero los pájaros también son reservados

Disfrutaba los zumbidos de la brisa,
trataba de comprenderla con fórmulas 
y leyes enunciadas por los números de los sabios.

Mas, las brisas se miden en velocidades, 
espacios, presiones, masas y extraños tensores, 
los pájaros los conocen, pero callan.

Todos los fenómenos del universo son
igualmente significantes para las leyes 
y razones naturales, todos son calculables.

Desde sus orígenes, sus evoluciones y
todos sus efectos, y los efectos de sus efectos 
ilimitados, sin final previsible último.

Se imponían los argumentos posibles,
las integrales matemáticas y 
lo divino de la termodinámica: 
la entropía madre.

La entropía es la madre de todos los fenómenos, 
los impulsa y los retrae, los ordena y crece, 
los desordena y crece más.

Todos los pájaros del mundo saben de
lo que digo, por eso les rinden sus energías 
como a nadie, pero callan con prudencia.

La inercia contra los movimientos
eternos, las medidas del tiempo 
contra lo invisible de la materia infinita la recrecen.

Llevaba mi rifle de perdigones y aire
comprimido, regalo de mi madre, 
mi madre disfrutaba mi relación con los montes.

El rifle es un arreglo mecánico de metal organizado 
entre pernos, vástagos, presiones y precisión de mira ocular.

Un artilugio con motivos de culpas contra la naturaleza de los pájaros instrumentado por las ciencias guerreras aplicadas.

Medido con hambres, cargado de símbolos de contiendas,
de destrucciones, de orgullos, y también dicen que de paz.

Como había hecho durante el estío en
muchas otras tardes de asueto, 
me iba solitario a recrearme entre los montes cercanos.

Mi rifle, sin embargo, se convirtió
en un laboratorio experimental 
para estudiar los procesos de compresión adiabáticos.

Sus ruidosos disparos espantaban a los
pájaros, muchas veces no volvían durante días, 
porque los pájaros son muy inteligentes.

Esa tarde quise andar y estar meditando 
conmigo mismo sobre nada de menos 
y sobre todo lo demás posible y liviano.

Serían pensamientos livianos pues ya
los Cálculos Integrales y La Cuántica 
me traían fundidos los sesos y cansados los ojos.

Sin embargo, los pájaros aplican
los  sistemas cuánticos desde antaño 
para decidir cuándo cambiar los colores del plumaje.

Porque los pájaros saben que el color blanco
refleja mejor la luz y el calor, 
mientras el negro los retiene.

Había sudado bastante antes de que
llegara a la sombre de un frondoso árbol 
de Maricao grande como rey en su reino.

Los Maricaos reciben todas las visitas de los pájaros, 
tórtolas aliblancas grandes, nidos de picaflores 
de brillo negro-verde...

Porque las frutas del Maricao tiene una pulpa dulce, 
muchos pájaros la comen, también por sus frutos suben los insectos

Así llegan Petirrojos, ciriguillas y petigrís, 
también viven los lagartíjaros y saltacocotes y chicharras 
mimetizadas en las ramas.

Los saltacocotes no saltan, son miméticos, 
son lagartíjaros grandes casi desaparecidos, 
los lagartíjaros viven entre las ramas.

Todos son dueños de sus predios,
 todos cargan sus obligaciones, 
todos van ocupados por el mundo de lo perfecto.

Como siempre lo hacen los pájaros,
unos llegan a las ramas y 
otros alzan urgentes sus vuelos 
orientados por los astros.

Los astros lejanos parecen fijos en
el cielo, los pájaros saben medir 
con exactitud divina los paralajes y desviaciones, 
      pero...
Los pájaros que hacen paradas en sus
viajes no juegan, no cantan, descansan, 
se yerguen y se disparan de repente al aire.

Sensores de alta precisión les dan las
señales del tiempo, 
las coordenadas, 
los síntomas y medidas de lluvias y brisas.

Sin embargo, los pájaros viajeros
cuando se alejan mucho de sus refugios, 
viajan estresados, nosotros los conocemos.

Es preciso conocer a los pájaros
viajeros solitarios para alcanzar a cazarlos, 
su tristeza extraña conmueve, llegan asesantes.

Traen el buche repleto de alimentos conservados 
y transportados para regurgitarlo al alimentar 
sus pichones hambrientos y desesperados.

Mas, esta vez yo no estuve interesado en cazarlos, 
prefería mirar a los que  iban jugueteando 
con el amor por la vida.

Siempre, muy siempre, diligentes y
convencidos como si al final de la tarde 
ya no volvieran a vivir otras nuevas tardes.

Porque los pájaros saben que la vida
termina un día, 
afanan por llegar a sus nidos 
donde espera los pichones y sus madres.

Las grandes tórtolas aliblancas son
ejemplo sublime de los pájaros 
orgullosos, que vuelan lejos 
tras sus tareas necesarias.

Otros pájaros muy complacidos de
hallar todos sus alimentos y 
los materiales para sus nidos en los ramos del Maricao

Nerviosamente fanfarrones, ágilmente
revoltosos enloquecían mi atención 
con sus saltos y sus coros de chirridos agudos.

El mundo suyo se concentraba en
 aquellos rituales de la vida encomendados 
en sus rutinas de ceremonias heredadas.

Contemplado escuchaba sus diatribas,
observaba sus peleas, sus cantos y cortesías, 
sus galanteos y excreciones inadvertidas.

Sus diatribas enviaban señales
perceptibles que hablaban de ser los mejores 
para los hijos, lo más fuertes y capaces al criar.

Porque en la descendencia está la continuación 
de la vida llegará a ser la continuación 
de los sistemas, leyes y permanencias.

Cada minuto, cada segundo cumpliría
el ritmo ritual de sus multiplicaciones calculadas 
al punto de la estación del calor.

Los pájaros traen sus ábacos
combinando los latidos ligeros 
de su sangre y los sonidos eternos 
del cosmos con sus cálculos.

Los pájaros saben que la primavera
llega cuando comienza la primavera 
y el verano termina cuando llega el otoño.

Para cada estación los pájaros inauguran
un canto, unas vestimentas 
y unos estilos de temporada al desayunar 
al volar...

Unos van saltando de ramo en ramo, perseguidor
y perseguida lucen sus excitados instintos a la fecha del celo cronométrico.

Los calendarios de los pájaros tienen sus prisas calculadas 
y sus tiempos de incubación calibrados
a los segundos y minutos.

Los pájaros siempre se adelantan a los relojes del Sol,
porque los relojes del Sol siempre siguen a los pájaros, 
estos nunca fallan.

Porque en la discreción de los pájaros se esconden
los conocimientos de los principios que rigen la perfección de las medidas.

Cundo sube el mediodía, los carpinteros 
en los cocoteros son muy ruidosos y exhibicionistas, 
trabajan y cantan con sus lenguas. Son fuertes como leñadores, 
orgullosos de la precisión de sus instrumentos excavadores, 
dominan los ruidos y envía mensajes.
Llevan la capucha roja de los  guerreros podertenientes 
más orgullosos, no temen a las tormentas, sus moradas son blindadas.
Los pájaros carpinteros dominan los bosques
con sus vibraciones capaces de comunicarse 
a Kilómetros con sus pares.

Las ciguas palmeras abundantes, afanan cargando
charamicos para armar sus nidos, 
se multiplican y celebran las lluvias.
Una alertaba con grito distintivo la
presencia rondante de los cernícalos rapaces, 
hambrientos y engarrados y amenazantes
Porque los cernícalos cazan valiéndose
de un telescopio de variaciones automáticas 
afinadas desde cerca hasta lo lejos.

Un picaflor agudo y veloz se lanzó picando 
desde atrás contra el costado interior de las alas 
del cernícalo para espantarlo.

Se alejaron los invasores imposibilitados 
contra el lance de tal potente velocidad 
defensora del diminuto misil picador.

La alas de los picaflores pueden batirse 
fuera de cálculos de los instrumentales 
del perseguido hacia atrás y hacia delante.

Para hacer esas piruetas, los  aviadores de las guerras 
han tenido que consultar muchas veces 
a los picaflores zumbadores.

Todavía es muy difícil para los
sabios de la termodinámica 
calcular e imitar el rendimiento 
del vuelo de esos pajaritos.

Todos cumplen con las tareas propias
de los afanes por la continuación de la vida y 
lo perfecto como pica en picada el picaflor.

Los músculos del picaflor parecen acerados, 
su corazón late al ritmo de su vuelo indescifrable, 
su sangre hierve y pica su pico.

Yo inicié mis divagaciones preguntándome 
sobre las razones que motivan aquellos impulsos 
tan nerviosos de los pájaros.

Los pájaros suman a sus entusiasmos 
gestos artísticos, inteligentes, efectistas, 
armónicos y sobretodo razonables como números.

Los números suelen consultar a los pájaros 
cuando los pájaros se ponen a descifran las horas, 
las mañanas, los tsunamis, y los meteoros.

La inteligencia del universo dirige la continuidad de todas sus leyes, invariablemente exactas, como la dictan los pájaros viejos.

Siguiendo la perfección indetenible de la lógica
en todos sus procesos, sin más esfuerzos que la lógica de lo infalible, 
lo cierto,

Vienen y van los pájaros,
los ramos secos se desprenden, 
los ramos verdes cuelgan sus frutos, 
las hojas crean clorofilas verdes.

Los insectos, los reptiles, los
frutos, las noches, las sombras y
El Sol han sido diseñados para los pájaros 
y ellos lo saben demás.

Los sistemas de constelaciones orientadas, 
los vientos tormentosos, y las salidas lunares, 
vinieron en sus alforjas de viajeros.

Las corrientes han sido confeccionadas
a la justa demanda de los pájaros 
que precisan de sus aguas verdescentes y espumosas.

Las partículas inmedibles de los núcleos materiales 
sirven a la ciencia de las plantas, transportan las energías para los pájaros.

Con precisión divina cada lugar tiene una razón perfecta para ser eslabón imprescindible y calculado, inconcebible otro modo.

Toda la razón del universo se resume en el punto adimensional de su origen indescifrable y densidad infinita del antes de todo.

Unas tras otros las eras y segundos pasan, 
permanecen o retroceden en un incierto 
instante sobrepuesto a los siglos y años luz.

En coordenadas resumidas en cuantos de dimensiones 
vivientes concebidas a lo necesario para los pájaros repletos de energía.

Los cuantos de radiaciones cósmicas balancean 
la composición de los alimentos frutales 
de los pájaros convertidos en reservas.

Los colores de las flores, de las hojas, sus formas fractales, 
sus aromas, sus feromonas de lejanas mensajerías a la celeridad de la luz.

Se registran en fórmulas materiales de perfección diferencial,
inviolables, constituyentes, únicas del hilo irrompible comunicado.

Los pájaros lo conocen y vuelan dormidos, 
remontan las nubes y las tormentas navegando 
al amparo de ese hilo de polo a polo.

Recorren el mundo en infalibles naves
de verdades inexploradas, conocen las rutas del salmón 
y de las anguilas de Los Sargazos,
las fuerzas de las olas movidas por
los trastornos geológicos, sus calmas,
los acantilados y los fondos extendidos de algas taxifolias.

Las corrientes marinas que alimentan los bosques de algas taxifolias purifican el aire que respiran los pájaros para sobrevivir.

Reconocen las avenidas de las ballenas, 
monstruos alimentados de los colores de las aguas congeladas 
hechas nubes de crustáceos.

Repletas de vida en cadenas comestibles para el equilibrio inamovible de las últimas inferencias en la dinámica material hecha vida.

Los pájaros dividen los días de las noches, 
los inviernos de los veranos, 
pintan las primaveras y los otoños con rayos luminosos,

Siembran los bosques y las inmensas tundras 
transportando semillas,
convierten las lluvias y las avalanchas en ríos correntosos.

Todos los bosques del mundo han sido armados paso a paso 
siguiendo la voluntad de sobrevivir de los pájaros y sus crías.

Convierten cataclismos y movimientos magnéticos 
de giros ordenados por meteoros viajeros 
en perturbadoras mareas remotas.

Los movimientos que generan las ondas magnéticas 
ocupan todas las horas del Universo 
para orientar a los pájaros migradores.

Los pájaros reciben mensajes solares cifrados en tormentosas 
perturbaciones que nos saturan de rayos cósmicos imperceptibles.

Sólo ellos conocen los secretos de la exactitud 
en sus distribuciones medidas en las plantas 
como misterio alotrópico del carbón.

Los pájaros de los montes cercanos a mi casa conminan 
al Universo a conservar la precisión de sus engranajes atómicos.

Porque la vida y la razón de los pájaros gira en torno a lo exacto del aire, 
de sus noches y de sus vueltas en la espiral de los días.

Lo exacto del color de las nubes, del ruido de las olas, 
de las llamas de los volcanes y de los glaciales de los polos 
están enlazados.

Al color muy blanco de los reflejos luminosos 
difractados mil veces en las gotas minúsculas 
que alivian del calor a los pájaros.

El ruido de las olas sube y baja
los tonos disponiendo los sutiles códigos 
para informar los cambios lejanos del tiempo y su ritmo.

Las llamas de los volcanes entibian las brisas de las alturas 
y las rutas por donde los pájaros diseñan sus migraciones entre lejanías.

Los glaciales de los polos enfrían las corrientes 
que viajan a los trópicos para conservar 
los climas de la vida para sus alimentos.

También lo saben los pájaros dioses
asentados en el origen desconocido de la vida 
y de la nada, maternidad de todos los todos.

©Julio Jarmas

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