| Pierre Auguste Renoir |
Se desglosaba
su cintura
en suave delineado hasta
el ancho perfecto de
sus caderas
recién abiertas.
De vueltas
completas
en líneas increíblemente
definidas como asiento de
mujer formada
para amar.
Iban cayendo
las marcas
de unas piernas talladas
a la corrección de
diamantes de
los museos reales.
Desde sus pies
hasta sus rodillas,
se iban llenando sus pantorrillas en
hinchada y
armoníca lisura.
©Julio Jarmas
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