Las corrientes
de sus
venas hicieron
olas en mi alma al tremor de mis dedos vacilantes
Al tomarla
entre mis manos cuando aun olía a los flujos
del tibio parir
materno
Retumbaron
entre mis dedos como tambores su latidos de vida
en abundancia
Su cuerpo
diminuto y despierto reclamaba en contorneos sus espacios y derechos
Mis orgullos se
hinchaban, mis palabras se perdían entre los nervios de mi risa
Mi vida entera
desde los pies hasta el Cielo estaba estremecida, los ojos
llorosos
Expresados sin
límites ante la gracia estrenada de su perfecta rebeldía soñada
Todo el aire de
una habitación se hacía escaso para respirar mis consumos
Allí se
trocaron mis teorías educadoras, mis cálculos sociales, los
números de mis
reglas,
Todos los
nombres posibles para jurar mis redenciones fueron
invocados al
llamarla
Carmen por ser
lo mejor, Sofía para que fuera mi dueña,
Ligia para ver a Dios en
ella,
Llegó para
remontar los límites de la virtud surcando sobre tormentas y miedos
Es mi talismán
espiritual complacida de mis amores más sublimes, más allá de
los signos
Es la dulzura
secreta de la fuerza que me arrastra sobre las razones de mi
existencia
Ella es mi hija
fundida entre mi piel, entre mis víceras, mis ojos, mi mente y
mis huesos
Es mi una
indivisible de mi mismo, a través de los confines por
los siglos de
los siglos.
©Julio Jarmas
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