martes, 22 de noviembre de 2011

Carmen Sofía


Las corrientes de sus
venas hicieron olas en mi alma al tremor de mis dedos vacilantes

Al tomarla entre mis manos cuando aun olía a los flujos
del tibio parir materno

Retumbaron entre mis dedos como tambores su latidos de vida
en abundancia

Su cuerpo diminuto y despierto reclamaba en contorneos sus espacios y derechos

Mis orgullos se hinchaban, mis palabras se perdían entre los nervios de mi risa

Mi vida entera desde los pies hasta el Cielo estaba estremecida, los ojos
llorosos

Expresados sin límites ante la gracia estrenada de su perfecta rebeldía soñada

Todo el aire de una habitación se hacía escaso para respirar mis consumos

Allí se trocaron mis teorías educadoras, mis cálculos sociales, los
números de mis reglas,

Todos los nombres posibles para jurar mis redenciones fueron
invocados al llamarla

Carmen por ser lo mejor, Sofía para  que fuera mi dueña, Ligia para ver a Dios en
ella,

Llegó para remontar los límites de la virtud surcando sobre tormentas y miedos

Es mi talismán espiritual complacida de mis amores más sublimes, más allá de
los signos

Es la dulzura secreta de la fuerza que me arrastra sobre las razones de mi
existencia

Ella es mi hija fundida entre mi piel, entre mis víceras, mis ojos, mi mente y
mis huesos

Es mi una indivisible de mi mismo, a través de los confines por
los siglos de los siglos.

©Julio Jarmas

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