Brillaban las
mañanas como siempre brillan los amaneceres de mi pueblo,
Doncellas
adolescentes tímidamente sonreídas trocaban fugaces miradas por un gesto,
Todas caminaban
hacia la escuela apurando la gracia de sus pasos,
Angelita era el
nombre de una niña de mirada despierta y distinta,
De palabras
completas y pasos adelantados a la prisa,
Sus gestos
escolares iban definidos por su uniforme relucido,
A la medida del
orden monárquico como infanta consentida.
Ningún salto
estaría permitido para invadir sus cercos,
Sólo Dios
conocía los códigos de sus puertas.
Sólo Dios
porque Dios lo sabe todo.
Angelita era
distinta a todas porque su gracia era inmensa.
Angelita es
distinta a todas, porque su gracia es inagotable.
©Julio Jarmas
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