El quiescente capullo se abre,
se encienden sus pétalos
raudos los picaflores.
una leve mariposa despierta,
corteja sus colores,
sus aromas,
los dulces de su néctar
delatan su despertar.
una mañana,
mi niña ajusta los arneses de un viaje
crisálida que airea sus alas
para estirarlas en formación de vuelo
mientras se templan al sol
dejando fluir sus vitales humores,
se anuda su pensamiento
una quebradura se estrena en su voz,
su piel reluce desde el horizonte
sus ojos avivan la mirada
sus caderas se curvan al ritmo
de sus ensayos para una danza,
de olores reformados,
de apetitos divinos
de noches estrelladas,
de noches sin estrellas,
de duelos blancos,
de duelos negros,
de tardes que rìen,
de tardes que cantan
de tardes que silban
a coro con grillos y cigarras
han estallado sus hormonas
se han formado las virtudes
de mi niña que se aleja del nido
de mi niña que sueña con su nido.
©Julio Jarmas
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