Dulce era el
nombre amistoso de una niña tierna como polluela en plumones
Una tarde como
todas las tardes deportivas de mis vacaciones en mi pueblo
Su paso
contorneado venía de frente, cimbreante, breve como su frágil silueta
Yo, tocado por
el impresionante desconcierto de su núbil apariencia recién inaugurada
Mascullaba
entre salivas mi asombro entre lascivias, fríos de piel y calor de mente
Estremecida.
Esquivaron sus pasos la ruta inminente del encuentro y sus ojos mis miradas
Mis nerviosos
deseos de acercarla hasta el tremor de mi entorno rodaron por el suelo
Corté la
respiración por un instante, encendidos mis arrojos seguí su diligencia casual
Eran los días
lluvioso del verano lluvioso, escandalizaron las aguas mi presencia
Determinadas a
espantarme de su calle final sin curvas ni salida, retornaba dichoso
Entre
esperanzas, determinaciones y sustos del alma. La suerte apostaba por mi
carrera
Santificada por
la dulzura de aquel único cruce de miradas de estallantes feromonas
Puras, nuevas,
cargadas aun de los aromas de la pubertad despedida sin celebraciones
Así, regresé
hasta su portal cuando la noche declaraba los brillos plateados de la luna
Redoblados por
la magia de tus ojos cuando al aviso vecindario de mi presencia apareciste
Ante mi,
esplendorosa, recogida la voz tras unos gestos de mujer resonantes en mi piel
Lúdicamente
mimetizados tus labios se desvanecían bajo el brillo húmedo de la joven pasión
Tintineaban en
mi pensamiento los tonos ligeros de tus mejillas en el ir y venir de sus flujos
Aligerados por
los pulsos acelerados de un corazón sometido a la confusa presión del amor
©Julio Jarmas
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