Intentar
describir lo bello de una mujer tan bella sería corromper sus bellezas
Yo, Señora,
infeliz bardo de los caminos sin cobijas, polvorientos y soleados del mundo de
los sin nombres
No sé de
versos, poemas ni poesías de poetas, de líneas, esculturas, medidas, armonías
ni colores de pintores.
Yo, Señora,
sólo sé decir que Usted es tan bella como los capullos de rosas que se abren al
abrirse la mañana
Lucen sus
labios tan tiernos como los temblores de la gota de rocío pendiente del
amanecer, colgante de un pétalo.
Sus ojos aun despiertos
parecen dormir en las profundidades de los ensueños abisales del amor ilimitado
Su piel es la
mixtura mágica de revueltas hormonales maduras como uvas hinchadas de dulzuras
Las vueltas de
sus cabellos cazan la imaginación subliminal de un encuentro arreglado para el
amor
Yo, Señora,
debo estar loco, al tocar letras y palabras intensas, reservadas a la adoración
de algún Dios.
Yo, Señora,
sólo sé pedirle un instante para afirmarle de una vez y para siempre que sigo
prendido de su belleza.
©Julio Jarmas

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