Las
armonías de
su voz
resonaban
con los latidos acelerados
de mi espíritu encantado
con los latidos acelerados
de mi espíritu encantado
por la
diosa
Erguida
tras su atrio
la poeta declaraba su
la poeta declaraba su
alma
con versos de palabras
bajadas por ángeles del cielo
bajadas por ángeles del cielo
Discurrieron
sus
sueños entre la música
de los versos cuales corrientes de
de los versos cuales corrientes de
arroyuelos
de vergeles
Historias
de
aguas
y mares, de ninfas,
sirenas y nereidas
discurrían la imaginación de los
sirenas y nereidas
discurrían la imaginación de los
convocados
Clara
y
bella,
su silueta de colegiala
tierna armonizaba
con su voz primera
de corista adolescente
tierna armonizaba
con su voz primera
de corista adolescente
Arreglada
la
partitura
de la ópera
de cantos en versos
como epopeya servida entre intelectos
de cantos en versos
como epopeya servida entre intelectos
únicos
como zumos
Agrios,
dulces
y
amargos, emparejados
triunfales asaltos
con retrocesos y equivocados
triunfales asaltos
con retrocesos y equivocados
lances
La
Poeta
derrochaba
letras disciplinadas,
ordenadas al ritmo de las trompetas de
ordenadas al ritmo de las trompetas de
éxito
final
Profunda
la
razón
de sus motivos
encarnizados en el honor
del tránsito vital de sus cumbres
encarnizados en el honor
del tránsito vital de sus cumbres
Avistadas
desde
las
lejanías por piratas
de la nocturnidad
que nos apostamos entre
de la nocturnidad
que nos apostamos entre
acantilados
invisibles
entre
los colores oscuros
y sombras de cavernas en
y sombras de cavernas en
complicidad
arreglada con las olas
gigantes
y ruidosas.
La poeta, sinembargo,
sabe de acechos eternos, sigue
La poeta, sinembargo,
sabe de acechos eternos, sigue
su
lectura
Desprevenida
desde
su atalaya infranqueable,
grandiosa, salvada por lanceros
servidos a sus pies
grandiosa, salvada por lanceros
servidos a sus pies
Acorazada
de
letras,
pensamientos de fronteras sin límites finitos, abarcan sus prados
blindados
Clara
y bella,
sinembargo,
feromonales penetran los efluvios de su aliento y calor de mujer
Más
allá de las
letras,
de sus alfiles, torres y armaduras, los piratas no rendimos la
conquista.
©Julio Ramírez Jarmas
©Julio Ramírez Jarmas
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